
Cuando el Manel Vich noruego anunció por la megafonía del Ulleval Stadium que Ibrahimovic entraba en el campo, se produjo una ruidosa reacción de los cerca de 18.000 espectadores que no llegaron a completar el aforo, intimidados por la lluvia. Unos la interpretaron como una ovación y otros, como un abucheo. No, no es que los aficionados de Oslo expresen los sentimientos futbolísticos de manera distinta a la de otros seguidores, sencillamente es que eso fue lo que ocurrió: hubo división de opiniones.
Se intuye que el debate no fue provocado por su irregular primera temporada en el Barça. No fue para tanto. En el Camp Nou siempre se le ha respetado y se sigue creyendo en sus posibilidades. Quizás los que le silbaron encontraron un motivo en la rivalidad del fútbol sueco con el noruego.
A Zlatan sólo le faltaba eso en un verano marcado por los rumores sobre su marcha. Menos mal que al final recibió el cariño de un espontáneo que interrumpió el partido para lanzarse a sus brazos. No fue él quien le rompió las medias a la altura de los gemelos.Cuesta creer que Nike equipe al Barça con unos calcetines tan poco resistentes y es difícil imaginar que un defensa tuvo la habilidad de desgarrarle las medias con esa precisión. Más bien se sospecha que echó mano de las tijeras para liberar sus poderosos músculos.
Ibrahimovic fue el crack mediático en Noruega rivalizando con un jugador que ya tiene cuota de mercado a nivel internacional. Se trata de Bojan, cuyos recortes despertaron exclamaciones. Fue el más solicitado a la salida del estadio por los cazaautógrafos que, a diferencia de lo que sucede en los desplazamientos de la Liga, no se acercaron al aeropuerto. La cálida despedida de los seguidores compensó el frío recibimiento.
Bojan, que todavía no ha cumplido los 20 años (el 28 de agosto habrá que felicitarle), fue el capitán porque ninguno de los 22 convocados llevaba más tiempo que él en el primer equipo del Barça. El veterano más joven de la historia